Menos agricultores, fincas más grandes: CLAAS detecta el cambio que empuja la maquinaria agrícola en el sudeste asiático

A veces, el mercado no cambia de golpe: primero se mueve a cámara lenta, luego alguien mira las importaciones y descubre que el suelo ya no es el mismo. Eso es justo lo que está pasando en el Sudeste Asiático, donde CLAAS ve cómo la demanda empieza a girar, todavía despacio, hacia máquinas más grandes y hacia una agricultura más apoyada en la tecnología.

La foto general sigue siendo bastante clara: mandan los tractores pequeños y medianos. Pero Kruewan Thong-om, responsable de marketing y ventas por país de CLAAS en el Sudeste Asiático, asegura que la tendencia hacia equipos de mayor tamaño está creciendo poco a poco, empujada por las explotaciones agroindustriales y por los proyectos agrícolas de mayor escala.

El cambio no es explosivo, pero sí real. Y eso ya basta para que una empresa como CLAAS afine la puntería y se prepare para una región que, aunque va más lenta que otros mercados en mecanización y agricultura de precisión, empieza a abrir la puerta a otro tipo de maquinaria.

Cuando el campo pide más músculo

Thong-om lo explicó en Agritechnica Asia, celebrada este año en Bangkok, y su lectura es bastante pragmática: el campo de la región está envejeciendo, los jóvenes miran cada vez menos hacia la agricultura y, con menos manos disponibles, la maquinaria deja de ser un lujo para convertirse en una especie de muleta imprescindible.

“Todos buscan algún tipo de apoyo”, vendría a resumirse en su mensaje. Y no le falta lógica: si la fuerza laboral mengua, la explotación agrícola necesita ganar eficiencia por otra vía. Ahí es donde la mecanización empieza a dejar de ser un extra para convertirse en la tabla de salvación de muchas operaciones.

La empresa cree que la región ya camina, aunque a paso corto, hacia la mecanización y la agricultura de precisión. No porque la tecnología falte, sino porque todavía hay poca conciencia sobre sus ventajas y cierta resistencia a adoptarla. El freno, según CLAAS, no está tanto en el catálogo como en la cabeza del mercado.

Y aquí entra otro factor que la compañía considera decisivo: la transferencia de conocimiento. Compartir información, explicar usos y enseñar qué aporta cada sistema. En un sector donde muchas innovaciones siguen sonando lejanas, ese trabajo pedagógico puede valer casi tanto como la máquina en sí.

Las máquinas grandes buscan su hueco

CLAAS conoce bien que el Sudeste Asiático no es, de momento, un mercado que pida a gritos sus equipos más grandes. Aun así, la compañía ha decidido jugar donde más valor puede aportar: explotaciones especializadas y de gran escala, especialmente en ganadería lechera y en aplicaciones vinculadas a la biomasa.

La empresa lleva oficina regional en Bangkok desde 2012 y considera la zona un mercado estratégico a largo plazo. También tiene recorrido en otros países asiáticos como China, Japón y Corea del Sur, pero admite que en el Sudeste Asiático todavía está, en sus propias palabras, en una fase inicial. O sea: mucho terreno por recorrer.

Uno de sus grandes aciertos en la región ha sido la serie Jaguar de cosechadoras de forraje. El foco está en operaciones donde la máquina marque una diferencia tangible, como en la producción de silo de alta calidad para el sector lácteo. Y ahí el argumento es tan sencillo como potente: mejor ensilado, mejor alimentación, mejor producción de leche.

También hay espacio para la biomasa. CLAAS está empujando sus empacadoras en aplicaciones relacionadas con los residuos de caña de azúcar, que pueden transformarse en biogás. Es una manera de estar presente tanto en la cadena alimentaria como en la energética, y esa doble utilidad le da a la marca una posición bastante interesante dentro de la región.

Los drones han abierto la puerta, y no es poca cosa

Si hay algo que Thong-om ve con buenos ojos es el auge de los drones en el campo. Y no por romanticismo tecnológico, sino porque han servido para que muchos agricultores se acostumbren a trabajar con herramientas digitales. Hace años, buena parte de estas soluciones sonaban a ciencia ficción; hoy, al menos, ya no resultan tan extrañas.

Ese cambio de mentalidad puede parecer pequeño, pero en realidad es una grieta en la pared. Cuando un agricultor empieza a usar un dron para tareas concretas, la barrera psicológica frente a otras tecnologías se hace un poco más baja. Y después de eso, entrar con sistemas más avanzados de mecanización o digitalización resulta algo menos cuesta arriba.

CLAAS resume esa filosofía con una frase breve: “Hard work. Smartly done”. Trabajo duro, pero bien hecho; con cabeza. No suena mal para una zona donde el crecimiento es real, aunque todavía desigual, y donde el salto hacia una agricultura más inteligente depende tanto de la maquinaria como de la confianza para usarla.

Por ahora, la empresa sigue leyendo el mercado con paciencia. Sabe que el presente sigue dominado por máquinas pequeñas y medianas, pero también que algo está cambiando por debajo. Habrá que ver cuánto tarda ese movimiento en consolidarse y qué espacio termina dejando para equipos más grandes. Nosotros, desde luego, seguiremos atentos.

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