A veces, cuando un recurso empieza a recuperarse, llega la parte más delicada: decidir cuánto se puede pescar sin volver a ponerlo contra las cuerdas. Eso es justo lo que ha pasado con el atún rojo del Pacífico, y la reunión internacional celebrada en Nagasaki, Japón, ha acabado sin acuerdo sobre las cuotas de captura. La propuesta de Japón para subir los límites no ha logrado el respaldo unánime que necesitaba, con México plantándose en seco y dejando la negociación en punto muerto.
La recuperación existe, pero el reparto sigue atascado
Japón llegó a la conferencia con una idea bastante clara: si las poblaciones de atún rojo del Pacífico están remontando, las cuotas también deberían moverse. Y no poco. Su propuesta buscaba un aumento del 25% para los ejemplares grandes, los de 30 kilos o más, hasta 14.836 toneladas en 2027. Una apuesta ambiciosa, sí, pero presentada como una forma de ajustar la gestión a la recuperación del stock.
La otra cara de la moneda era recortar algo la presión sobre los peces pequeños. Tokio también planteó reducir un 6% la cuota de captura de los atunes de menos de 30 kilos, hasta 5.125 toneladas. La idea, en el fondo, era mover el tablero con más margen para los grandes y menos para los pequeños. Pero el plan no ha convencido a todos.
Según explicó el ministro japonés de Agricultura, Norikazu Suzuki, los pescadores del país están viendo con sus propios ojos que hay más atún en las zonas de pesca. Y ese argumento, que sobre el papel suena lógico, no bastó para sumar apoyos. México se opuso a ampliar las cuotas y frenó la propuesta. Fin del impulso, al menos por ahora.
Japón aprieta, México frena y la reunión se queda sin salida
El choque no fue precisamente discreto. Suzuki criticó la postura mexicana con dureza, asegurando que esa actitud “insincera” deja en nada el esfuerzo negociador del resto de países y regiones implicados. También dijo que el resultado era muy decepcionante, especialmente pensando en los pescadores. Y sí, el mensaje llevaba bastante más pólvora que diplomacia.
Lo llamativo es que el conflicto no gira alrededor de una especie en crisis, sino de una que muestra señales de mejora. El atún rojo del Pacífico es uno de los peces más valiosos del mundo y lleva años sometido a medidas estrictas de gestión por el temor a la sobrepesca. Esas limitaciones han sido precisamente las que, según las autoridades japonesas, han ayudado a que el stock se recupere desde niveles históricamente bajos.
Ahí está el dilema: cuando una especie empieza a respirar, todos quieren mover ficha. Los pescadores quieren aprovechar el momento, los gobiernos buscan adaptar las reglas y los organismos regionales tienen que evitar que la prudencia se vaya por la borda demasiado rápido. El problema, como se ha visto en Nagasaki, es que no todos interpretan la recuperación de la misma manera.
Lo que viene ahora no está nada claro
Tras el fracaso de la negociación, Japón no da la partida por cerrada. Suzuki aseguró que seguirán explorando todas las posibilidades, reuniendo y analizando la información necesaria y hablando con los países implicados para fijar cuotas adecuadas. Pero también reconoció que, a día de hoy, no hay “perspectivas concretas”. Traducción sencilla: quieren seguir intentándolo, pero el camino está embarrado.
El ministro japonés fue un paso más allá y dejó claro dónde cree que está el bloqueo. En su opinión, México tendría que flexibilizar su posición y entrar en la discusión de manera más constructiva si se quiere avanzar. Japón, añadió, buscará retomar el diálogo cuanto antes, incluso combinando contactos con otros países. Vamos, que la negociación no está muerta, pero tampoco tiene una salida a la vista.
Mientras tanto, los pescadores seguirán sujetos a los límites actuales, pese a que las señales de recuperación del atún rojo del Pacífico parecen ir en aumento. Y ahí está la paradoja que deja esta reunión: un recurso que mejora, un sector que quiere más margen y una mesa internacional que, de momento, no ha conseguido cuadrar las piezas. Habrá que ver si la próxima ronda abre una puerta o si todo sigue donde estaba.
