PepsiCo marca un hito en agricultura regenerativa: impulsa 4,7 millones de acres de tierras restaurativas

A veces lo más llamativo no es un gran anuncio, sino el trozo de futuro que una empresa deja ver antes de tiempo. Y eso es justo lo que ha hecho PepsiCo: ha adelantado parte de su informe de sostenibilidad de 2025 con una foto bastante concreta de dónde está y hasta dónde quiere llegar con su agenda pep+ —PepsiCo Positive—, que marca sus objetivos medioambientales para 2030.

La compañía habla de agricultura regenerativa, compras con criterios sostenibles y mejora de los medios de vida en su cadena agraria. Traducido al terreno: ha movido ficha, pero todavía le queda bastante camino si quiere cumplir lo que se ha propuesto. Y ojo, porque los números ya dan una pista de por dónde va la cosa.

La tierra ya ha empezado a cambiar de manos… o de prácticas

PepsiCo asegura que, a 31 de diciembre de 2025, 4,7 millones de acres de tierras agrícolas vinculadas a la empresa en todo el mundo ya se habían convertido a agricultura regenerativa. Su meta para 2030 es mucho más ambiciosa: 10 millones de acres. Es decir, más de la mitad del recorrido todavía sigue por delante.

La empresa también dice que el 70% de sus ingredientes clave ya procede de fuentes sostenibles, mientras que alrededor de un 2% del volumen está aún en proceso de pasar a prácticas más verdes. La foto es interesante porque mezcla avance real con transición en marcha, justo esa zona gris donde se decide si una estrategia se queda en discurso o acaba cambiando de verdad el campo.

Desde que arrancó pep+, PepsiCo ha ido tejiendo proyectos y alianzas con organizaciones que trabajan de cerca con agricultores. Entre esas iniciativas está Supporting Trusted Engagement and Partnership Up for Agriculture, un programa que comparte con Unilever y otras empresas para escalar prácticas de agricultura regenerativa. La idea es bastante clara: sumar músculo para que el cambio no dependa solo de una compañía, sino de una red más amplia.

Margaret Henry, vicepresidenta de agricultura sostenible y regenerativa de PepsiCo, ha dejado una pista de por dónde va la estrategia: llegar a los 10 millones de acres exigirá seguir escalando lo que funciona, con los agricultores en el centro y más colaboración en toda la cadena alimentaria. Dicho de otro modo: menos recetas universales y más adaptación al terreno. Y eso, en el campo, suele ser la diferencia entre prometer y lograr.

Brasil, Europa y otros frentes donde la empresa ha metido la pala

PepsiCo no se ha quedado en una declaración de intenciones. El pasado otoño se alió con Griffith Foods y Milhão para incentivar prácticas sostenibles en Brasil, con agricultura regenerativa en 7.000 acres de tierras situadas en el bioma del Cerrado. No es una cifra menor, aunque tampoco resuelve por sí sola el tablero completo.

En Europa también ha movido ficha junto a Soil Capital para transformar 35.000 acres en Bélgica, Francia y el Reino Unido hacia prácticas regenerativas. La jugada encaja con una tendencia que el sector lleva tiempo tanteando: buscar suelos más vivos, sistemas más resistentes y explotaciones menos dependientes de insumos que aprietan márgenes y complican la cuenta final.

Lo que más me llama la atención es que PepsiCo insiste en que no pretende estirar la misma fórmula por todo el mapa. Al contrario, quiere que los agricultores encuentren un valor práctico y tengan herramientas para cambiar de manera realista sus operaciones. Esa frase, bien leída, es casi una confesión: la transición verde no avanza solo con objetivos; avanza cuando el agricultor ve que le compensa, que puede aplicarlo y que no se queda solo ante el salto.

Henry lo resume en una idea bastante terrenal: para alcanzar la meta de 2030 harán falta apoyos técnicos, innovación e inversión compartida. Nada de magia. Mucho trabajo de base. Y, como suele pasar en estos casos, habrá que ver si el ritmo de crecimiento acompaña al tamaño del objetivo.

El campo no se transforma solo con discursos

PepsiCo también ha puesto cifras a su parte social. La empresa dice que respalda aproximadamente 224.000 medios de vida dentro de su cadena agrícola, con la intención de llegar a 250.000 personas en 2030. Aquí el foco ya no está solo en el suelo, sino en quienes lo trabajan y en las condiciones para que el cambio no les pase por encima.

Entre sus programas figura She Feeds the World, en el que ha invertido 18,2 millones de dólares para impulsar la igualdad de género en la agricultura mediante formación y recursos para pequeñas productoras. También ha puesto en marcha Agrovita, junto con la organización sin ánimo de lucro Proforest, para ayudar a pequeños agricultores de México a adoptar prácticas más sostenibles y crear cooperativas rurales. Son piezas distintas, pero todas apuntan a lo mismo: que la transición no sea solo técnica, sino también económica y social.

En India, PepsiCo ha lanzado el Collaborative Farming Program, pensado para ofrecer apoyo integral a los agricultores con asesoramiento agronómico, información sobre nuevas tecnologías y herramientas de negocio. En Turquía, por su parte, está respaldando a productores con herramientas digitales y recomendaciones para mejorar la salud de los cultivos, el uso de fertilizantes y el riego. Si pensamos en zonas con agricultura intensiva, desde el regadío hasta explotaciones de secano más castigadas por el clima, el mensaje se entiende rápido: no hay una única solución, sino muchas pequeñas palancas.

La propia compañía admite que no trabaja con un enfoque de talla única. Según Henry, la transición puede crear barreras a corto plazo, ya sea por invertir en equipos nuevos, probar insumos distintos o cambiar de manejo. Por eso, explica, trabajan con agricultores y organizaciones locales de confianza para saber qué necesita cada región y ofrecer apoyo a medida: incentivos económicos, financiación, asesoramiento técnico, formación, fincas demostrativas o herramientas digitales. La clave, insiste PepsiCo, es ayudar a que el cambio funcione en la explotación concreta, no solo en el papel.

Y ahí está la verdadera prueba de fuego. La compañía ya ha enseñado parte de su libreto, pero todavía tiene que demostrar que puede convertir millones de acres, miles de agricultores y objetivos a 2030 en algo más que una promesa bonita. Nosotros, desde luego, estaremos atentos a cómo evoluciona esa cuenta atrás.

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