Rovensa Next se suma a un proyecto europeo de 6,4 millones para escalar biofertilizantes circulares

A veces lo más interesante no es lo que nace de cero, sino lo que se rescata de lo que ya estaba ahí, casi escondido. Y justo por ahí va el movimiento de Rovensa Next, que se ha metido en BIO², un proyecto europeo de 6,4 millones de euros con una ambición bastante clara: convertir residuos, microorganismos y recursos infrautilizados en fertilizantes y soluciones biológicas que de verdad puedan llegar al campo.

La idea suena sencilla, pero no lo es ni de lejos. El objetivo es llegar a 2029 con al menos dos biofertilizantes plenamente circulares, y no hablamos de prototipos de laboratorio para enseñar en una feria, sino de productos que puedan escalarse y funcionar en condiciones reales. Ahí está la gracia —y el reto— de todo esto.

En el proyecto participan socios de investigación e industria, con la vista puesta en transformar subproductos marinos, nutrientes reciclados y microorganismos beneficiosos en insumos agrícolas útiles. Rovensa Next entra como socio clave de I+D industrial, aportando formulación, selección de candidatos y validación en campo. Vamos, poner el músculo técnico donde muchas veces se queda atascada la buena intención.

Del residuo al insumo: la jugada que cambia el tablero

Lo que plantea BIO² encaja de lleno con una agricultura que lleva años buscando una salida menos dependiente de los insumos convencionales. Y no solo por una cuestión de costes o de suministro: el nitrógeno y el fósforo están cada vez más bajo presión ambiental y regulatoria, así que el margen para seguir haciendo lo mismo de siempre se va estrechando.

Ahí es donde el proyecto quiere hacer de puente entre ciencia y práctica. La apuesta pasa por apoyar tanto sistemas ecológicos como convencionales, con una lógica muy de suelo vivo, prácticas agroecológicas y menos dependencia de sintéticos. Alessio Adamiano, coordinador del proyecto en el CNR italiano, ha situado ese equilibrio como una de las grandes metas del consorcio.

Para Rovensa Next, además, no se trata de subirse a una moda pasajera. La compañía ha vinculado su participación con las ambiciones europeas de la estrategia “de la granja a la mesa”, esa hoja de ruta que empuja hacia sistemas agrícolas más eficientes en recursos y con menor impacto. Hace años, todo esto sonaba a experimento de nicho; hoy ya es parte del discurso central del sector.

Donde la teoría se pone las botas: pruebas reales en campo

Si algo distingue a BIO² es que no quiere quedarse encerrado entre tubos de ensayo. El consorcio ha montado redes de agricultores en Alemania, Letonia, Italia, Noruega y España para probar biofertilizantes y soluciones de biocontrol en condiciones comerciales. Y eso cambia bastante la película, porque el papel lo aguanta todo, pero la parcela manda.

Rovensa Next ya está trabajando en ensayos en invernadero y prepara evaluaciones de campo en cultivos como trigo, patata, fresa y uva de mesa. Las pruebas medirán eficiencia nutricional, combinaciones microbianas y estrategias de aplicación al suelo o vía foliar, con especial atención a las dosis de nitrógeno y fósforo. O sea, no solo si funciona, sino cuándo, cuánto y cómo funciona mejor.

Además de los dos biofertilizantes previstos, el proyecto desarrollará al menos una solución de biocontrol y un producto para salud animal. Todo eso irá acompañado de datos agronómicos y analíticos pensados para sostener el desarrollo de producto y, más adelante, cumplir con los requisitos regulatorios que vayan llegando. Y ojo, porque ese papeleo suele ser el verdadero campo de batalla.

Los biológicos dejan de ser raro experimento

El auge de los biológicos ya no se puede tratar como una curiosidad de laboratorio. Biofertilizantes, biocontrol y otras soluciones de este tipo están pasando a ocupar un lugar cada vez más estructural en la agricultura del futuro, sobre todo en un contexto en el que la regulación aprieta y obliga a reducir la dependencia de los químicos de siempre.

José Nolasco, responsable global de I+D en bionutrición de Rovensa Next, ha enmarcado el proyecto como una forma de convertir materiales circulares y soluciones microbianas en aplicaciones útiles, con capacidad real para reforzar la resiliencia a largo plazo. Dicho de otro modo: menos promesa abstracta y más herramienta para el día a día de la explotación agrícola.

Camila Levy, responsable de programas de I+D en la compañía, lo ha resumido con una idea que vale oro en este tipo de proyectos: el foco está en soluciones que funcionen “en el campo, no solo en el laboratorio”. Y ese matiz, que parece pequeño, lo cambia todo. Porque entre una buena hipótesis y un producto vendible hay un abismo, y BIO² quiere cruzarlo con datos y pruebas, no con fe.

La siguiente parada ya no es el laboratorio

Rovensa Next presenta su entrada en BIO² como una pieza más dentro de su objetivo de “biosolutionise agriculture”, es decir, empujar la agricultura hacia alternativas circulares frente a los insumos convencionales. El proyecto también servirá para comparar y escalar prototipos de biofertilizantes, al tiempo que refuerza el conocimiento en soluciones basadas en microorganismos y biomasa.

La información generada alimentará futuras líneas de producto y, al mismo tiempo, servirá para dar soporte a los marcos regulatorios europeos. Ese doble uso del dato —servir al negocio y servir a la regulación— es una de las llaves del momento que vive el sector. Ya no basta con tener una idea bonita; hay que demostrarla, medirla y encajarla en el tablero normativo.

La compañía también llega a este proyecto con otra carta recién movida: su acuerdo con Novonesis para distribuir en Estados Unidos algunas biosoluciones a partir de la campaña de 2027. Esa alianza amplía su oferta en el ciclo del cultivo con biostimulantes, biofertilizantes, bionutrición, biocontrol y adyuvantes, mientras Novonesis seguirá fabricando los productos. En paralelo, Rovensa Next sigue reforzando su huella en Norteamérica con adquisiciones como Oro Agri, Agro-K y Cosmocel.

Chuck Broughton, responsable de Norteamérica de la compañía, ha puesto el foco en lo que piden los agricultores: soluciones fáciles de usar, probadas y con retorno sobre la inversión. Y la verdad es que ahí está la prueba del algodón para todo este mercado. Habrá que ver cuándo estas soluciones dejan de ser la promesa del futuro y empiezan a ser, de verdad, parte del trabajo cotidiano en la finca.

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