La norma que regulará los envases en la Unión Europea ha sido oficialmente publicada esta semana y comenzará a aplicarse a partir de agosto de 2026. Este reglamento introduce importantes cambios que obligarán al sector alimentario a cumplir con requisitos específicos en términos de reducción, reutilización y reciclaje. ¿Qué implicaciones tendrá esto para la industria y cómo se están preparando las empresas?
Adaptación a nuevos requisitos
El director del Clúster de Innovación en Envase y Embalaje, Jesús Pérez, enfatiza que cumplir con esta normativa conllevará «costes significativos» en varios aspectos. Las empresas necesitarán invertir en innovación, realizar cambios en sus procesos de producción, adquirir nuevos equipos y adecuar tanto su infraestructura como su logística.
En particular, se deberán implementar medidas como el diseño de envases que sean reutilizables o reciclables, así como garantizar un reciclaje a gran escala para 2035. En este contexto, la asociación que representa a 70 socios de la industria del envasado ha expresado su preocupación por la responsabilidad de las certificaciones y el etiquetado de materiales reciclados, lo que añade una capa de incertidumbre a la adaptación del sector.
Impacto en la industria alimentaria
El ámbito de la alimentación también se verá afectado por esta regulación. Según Pérez, las empresas del sector deberán adaptarse a requisitos que incluyen la reducción de envases, la reciclabilidad, la incorporación de contenido reciclado y un etiquetado claro. Además, los establecimientos de hostelería tendrán que ofrecer opciones reutilizables y obedecer las restricciones sobre envases de plástico de un solo uso.
No obstante, se han establecido excepciones para ciertos alimentos y bebidas. Por ejemplo, en el caso de frutas y verduras frescas, serán necesarios envases específicos que aseguren su frescura. Esto es fundamental para evitar el desperdicio y garantizar la calidad, más aún considerando las limitaciones técnicas para el uso de envases reutilizables en productos como el vino, las bebidas espirituosas y los lácteos.
Plazos y transición gradual
Para facilitar la adaptación, el nuevo reglamento contempla una transición gradual, incluyendo medidas temporales y plazos adicionales que permitan alcanzar los objetivos sin perjudicar gravemente la economía. El reglamento fija metas claras, como objetivos de reutilización de envases en sectores específicos, así como porcentajes mínimos obligatorios de material reciclado.
El reglamento también refuerza la responsabilidad ampliada del productor, un sistema que ya obliga a las empresas en España a adhirirse a un Scrap, un sistema colectivo de recogida y reciclaje de residuos. En la actualidad, apenas existen unos quince Scraps, lo que revela la «inmadurez» del mercado y la falta de conocimiento entre las empresas sobre el marco regulatorio.
Desafíos en el proceso de adaptación
La experta en riesgos del Instituto Tecnológico del Plástico, Ángela Martín, destaca la importancia de priorizar envases de un solo material en lugar de los multimateriales, ya que estos últimos son complicados de reciclar. Se prevé, además, que se fomente el uso de códigos QR en el etiquetado para ofrecer información adicional al consumidor.
El responsable de Asuntos Regulatorios del centro tecnológico Ainia, José María Ferrer, coincide en que aún quedan «infinidad de aspectos» por definir a través de reglamentos de ejecución que serán cruciales para la implementación efectiva de esta normativa. Las empresas, que cuentan con un plazo de año y medio para cumplirla, todavía enfrentan la dificultad de estimar costes debido a la falta de claridad sobre las categorías de envases reciclables y sus requisitos específicos.
La situación se complica aún más considerando la disponibilidad de material reciclado que se podrá incorporar a los nuevos envases. Cumplir con los objetivos de esta normativa demandará un esfuerzo conjunto entre la industria y las administraciones para diseñar medidas que sean viables y eficaces.
La nueva regulación sobre envases plantea desafíos significativos para el sector agrícola y alimentario, y, aunque la fecha de aplicación es en 2026, es crucial comenzar hoy mismo a reflexionar sobre cómo adaptarnos a una realidad más sostenible y responsable. La responsabilidad que asumen empresas e instituciones no solo tiene un impacto económico, sino que también es un paso importante hacia un futuro más verde y consciente.
