BASF mueve ficha y cubre un hueco en herbicidas con Replexor Active, su nuevo inhibidor PPO

A veces la novedad más interesante no es un producto que llega hoy, sino uno que intenta resolver un problema que llevaba años mordiendo al campo. BASF acaba de mover ficha con Replexor Active, un nuevo herbicida pensado para sumar armas contra las malas hierbas y gramíneas resistentes, y cuya llegada al mercado se espera para 2030, siempre que pase el filtro regulatorio.

La idea, en el fondo, es bastante clara: ofrecer otra herramienta allí donde las opciones empiezan a escasear. Replexor Active es un herbicida de amplio espectro, es decir, actúa tanto sobre malezas de hoja ancha como sobre gramíneas, y BASF lo imagina aplicado antes de la emergencia del cultivo, como parte de una estrategia más amplia de control de hierbas. Y ojo, porque no viene solo: la compañía lo quiere integrar junto con herbicidas residuales.

Eso es lo que le da sentido al movimiento. No se trata de vender una bala de plata —porque en agricultura casi nunca existen—, sino de encajar una pieza más en un tablero donde la resistencia se ha convertido en el gran dolor de cabeza. Hace años, este tipo de resistencia parecía un problema lejano para muchos productores; hoy ya es una realidad que obliga a afinar el manejo parcela a parcela.

Una pieza más en una batalla que no da tregua

BASF lleva tiempo jugando en esta liga. Hace más de 15 años presentó su primer inhibidor PPO, el herbicida de hoja ancha Kixor Active, y después llegó Tirexor Active. Ahora amplía esa familia con Replexor Active, un desarrollo que busca reforzar el frente contra hierbas y gramíneas que ya no responden bien a soluciones habituales.

La clave está en el tipo de molécula: la compañía ha trabajado sobre la química ya existente de los inhibidores PPO, siglas de protoporfirinógeno oxidasa, una enzima que se usa como objetivo para el control de malas hierbas. Dicho de forma más sencilla, BASF no ha arrancado de cero, pero sí ha afinado la fórmula para abrir una nueva vía dentro de un espacio químico que todavía puede dar juego.

Maximilian Becker, miembro del consejo de dirección de BASF Agricultural Solutions, sostiene que Replexor Active “rellena un vacío real” en el espacio PPO. Y la frase encaja con el momento: los agricultores han tenido pocas novedades para combatir gramíneas resistentes en los últimos años. Precisamente ahí es donde la empresa quiere hacerse hueco.

Brasil y Australia primero, y luego el resto del mapa

El plan regulatorio también está ya trazado, al menos sobre el papel. BASF busca primero el registro de Replexor Active en Brasil y Australia, para después llevarlo a Estados Unidos y Argentina en 2027. La compañía no ha detallado más pasos ni plazos intermedios, así que tocará seguir de cerca cómo avanza ese recorrido.

La propia BASF insiste en que el producto tendrá flexibilidad para adaptarse a las necesidades de mercados concretos. En Brasil, por ejemplo, pone el foco en las gramíneas, especialmente en aquellas que han desarrollado resistencia frente a otros herbicidas ya presentes en el mercado. Ahí es donde el producto quiere presentarse como una ayuda real, no como otro nombre más en la estantería.

También aquí aparece la parte más interesante del asunto: el herbicida no se plantea como una solución aislada, sino como pieza de un manejo integrado de malas hierbas. Ese enfoque, que mezcla distintas herramientas y momentos de aplicación, es el que más sentido tiene cuando el problema ya no es solo eliminar hierbas, sino hacerlo sin agotar las opciones disponibles.

El laboratorio quiere meter presión al campo de las resistencias

Detrás del desarrollo está el equipo global de descubrimiento de herbicidas de BASF en Limburgerhof, Alemania, que ha sido clave en la identificación de compuestos nuevos y en el avance de la química herbicida. El compuesto que da vida a Replexor Active se llama fendioxypyracil, y es el resultado de esa exploración sobre familias químicas ya conocidas, pero llevadas un paso más allá.

Lo que BASF está intentando, en el fondo, es responder a un mercado donde cada herramienta nueva se mira con lupa. Si funciona, puede convertirse en un aliado para explotaciones agrícolas que lidian con infestaciones rebeldes en cultivos extensivos; si no, quedará como otro proyecto prometedor en papel. Habrá que ver cómo se comporta cuando llegue el momento de la verdad.

De momento, la empresa ha dejado clara su ambición: entrar primero en algunos de los mercados más relevantes para este tipo de producto y después ampliar el alcance. La gran pregunta ahora es cuándo pasará del laboratorio al campo y con qué encaje económico y regulatorio lo hará. Nosotros, desde luego, estaremos atentos.

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