Corea mueve ficha: lanza un programa de 20 millones para convertir estiércol en combustible renovable

A veces, la forma más inteligente de limpiar un problema es dejar de tratarlo como basura. Y eso, justo eso, es lo que quiere hacer Corea del Sur con el estiércol de vaca: convertir un residuo incómodo, cada vez más abundante, en combustible útil para la energía. El Gobierno va a mover 29,8 mil millones de wones coreanos, unos 20,4 millones de dólares, para intentar que ese material deje de ser un quebradero de cabeza ambiental y pase a formar parte de la solución.

La iniciativa llega en un momento delicado. Mientras la superficie agrícola del país se reduce, la cantidad de estiércol que genera su ganadería va en dirección contraria. Resultado: sobra más residuo del que el sector puede reciclar y parte de esos nutrientes termina filtrándose a ríos y arroyos, con episodios de proliferación de algas que ya se han detectado con más frecuencia. No suena precisamente a un paisaje idílico. Y, sin embargo, ahí está la apuesta: darle una segunda vida a lo que hasta ahora se ha gestionado como un problema.

Cuando el estiércol deja de ser un estorbo

Los ministerios surcoreanos de Agricultura, Alimentación y Asuntos Rurales y de Clima, Energía y Medio Ambiente han unido fuerzas para poner en marcha este giro. La idea, en el fondo, es bastante clara: si el estiércol bovino se acumula y contamina, ¿por qué no tratarlo como una biomasa desaprovechada capaz de alimentar el sistema energético?

Esa es la palabra que han elegido para describirlo: “biomasa infrautilizada”. Y no parece una etiqueta puesta al azar. El país quiere reducir su dependencia de biomasa leñosa importada, como pellets y astillas de madera, porque confiar en proveedores del exterior no encaja del todo con la idea de reforzar la seguridad energética con un recurso doméstico.

Lo que más llama la atención es el cambio de mirada. Hace años, el estiércol se veía como un residuo inevitable; hoy, el Gobierno lo presenta como materia prima energética. La diferencia parece pequeña, pero cambia por completo el juego. Y sí, también cambia las prioridades: ya no se trata solo de retirar desechos, sino de ordenarlos, trazarlos y convertirlos en un combustible estable.

La apuesta: hacer combustible donde antes había residuos

El plan no se queda en declaraciones. Entre 2026 y 2029, el Ejecutivo invertirá 29,8 mil millones de wones en tres proyectos tecnológicos de desarrollo. Una parte correrá a cargo del ministerio de Agricultura, que quiere empujar la comercialización de combustibles sólidos fabricados a partir de estiércol bovino y subproductos agrícolas.

La hoja de ruta incluye un sistema estandarizado para la recogida de la materia prima, su trazabilidad y el control de calidad. Traducido al terreno: que el estiércol y los restos agrícolas lleguen con unas condiciones homogéneas, algo básico si se pretende fabricar un combustible que funcione siempre de la misma manera. También se trabajará en sistemas de secado de bajo consumo energético, en procesos para mantener una calidad constante y en soluciones de producción inteligente basadas en IoT, el Internet de las cosas, para vigilar y automatizar parte del proceso.

El objetivo no es menor. El Gobierno quiere desarrollar productos de combustible sólido que puedan usarse directamente en calderas agrícolas y otras instalaciones. La idea es crear un ecosistema circular en torno al estiércol ganadero, de forma que el residuo deje de ser un final y pase a ser el principio de otra cadena productiva.

El listón técnico está puesto bastante alto

El otro gran bloque de inversión lo llevará el ministerio de Clima, Energía y Medio Ambiente, que financiará tecnologías para producir y utilizar biomasa sólida, además de sistemas para prevenir la contaminación asociada a estas instalaciones. Aquí la ambición ya suena seria: se busca alcanzar un combustible de alto poder calorífico, superior a 3.500 kcal/kg, con una producción de 15 toneladas al día.

Además, el proyecto quiere demostrar que ese combustible puede utilizarse en una central eléctrica comercial de 330 MW y en una instalación de cogeneración de 4 MW. La cogeneración, por si el término te chirría, consiste en producir a la vez electricidad y calor útil. No es poca cosa: si sale bien, el estiércol dejaría de ser solo un problema de gestión ganadera para convertirse en una pieza más del tablero energético.

Pero aquí no acaba la película. El plan también incorpora tecnologías para reducir emisiones, recuperar amoníaco, tratar aguas residuales y mejorar el comportamiento ambiental de todo el proceso, desde la producción hasta el uso del combustible. Porque una cosa es transformar un residuo y otra muy distinta es hacerlo sin mover el problema de sitio.

Los responsables del proyecto ven este momento como una ventana que no conviene dejar pasar. Corea del Sur quiere cerrar el círculo entre ganadería, energía y medioambiente, y lo quiere hacer a base de tecnología, control y una buena dosis de pragmatismo. Habrá que ver si la idea se queda en un piloto ambicioso o si termina encendiendo de verdad una nueva industria. Nosotros, desde luego, estaremos atentos.

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